¿Es mucho más difícil batir al mercado hoy que hace décadas?

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No he conocido ningún economista académico que dispute uno de los resultados empíricos más consistentes de las últimas décadas: dada la eficiencia de los mercados financieros, es imposible para un gestor conseguir de forma consistente una rentabilidad más alta que la rentabilidad media del mercado.

Esta afirmación, de Luis Garicano, catedrático de economía en la LSE ilustra la perspectiva académica detrás de la defensa de la gestión indexada. La hipótesis del mercado eficiente, dicta que los precios de los activos reflejan en cada momento toda la información disponible.

Pero, ¿acaso no está moviéndose constantemente el mercado? Sí, pero éste sólo reacciona a la información nueva (a las sorpresas), que son impredecibles, afirma Garicano.

Se deduce que no existirán discrepancias sistemáticas entre el precio cotizado y el valor de las acciones, sino que la única forma de conseguir batir al mercado es disponer de información antes que los demás.

Sin embargo, existen numerosos ejemplos que rebaten dicha hipótesis, como el de Buffett en su famoso discurso de 1984, donde  probó la nulidad de la teoría de los mercados perfectos, a base de poner como ejemplo a una serie de superinversores, herederos intelectuales del value investing de Benjamin Graham y David Dodd, que consiguieron batir consistentemente al mercado con rentabilidades muy superiores en el largo plazo.

Cuando el precio de una acción puede ser influido por una “manada” en Wall Street donde los precios se establecen en el margen por la persona más emocional, o la más avariciosa, o la más deprimida, es difícil argumentar que el mercado siempre fija precios racionalmente.

Así introducía los sesgos conductuales (behavioral biases) como un factor importante, más allá del racional, que explica las decisiones de los inversores y la determinación de los precios de mercado.

Mientras el mercado suele prestar atención a la más rabiosa actualidad de una compañía, otros inversores se centran en analizar la posición competitiva de un negocio en el largo plazo.

La clave no está en contar con información que no tiene el mercado u obtenerla antes, como sugería la hipótesis del mercado eficiente, sino en ver las cosas de un modo diferente. Aquellos gestores con buena capacidad analítica, disciplina, paciencia y un horizonte de inversión de largo plazo tendrán una fuente potencial de ventaja frente al mercado (time-horizon edge), que seguramente existía en menor grado hace décadas.

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